Exijo mi parte



Hambre, muerte, frío, inocencia robada por la avaricia del bolsillo.
¿Y a los demás qué? Nos regalan hastío.
Nos intentan engañar, nos obsequian sueños.
Vacíos…
Y yo ya cuando no es que lloro, tan solo río.

Río de impotencia, mientras ríos de sangre tiñen de granate el Nilo.
Espuma en bocas de niños, filas de cuerpos en mantos blancos, ya no hay risa, solo llantos.
Metralla, hormigón derruido, coches quemados, cuerpos y más cuerpos que ya no son humanos.
Son números, son datos, son estadísticas, son nada… Nunca lo fueron y nunca más serán.
Más que peones, piezas y carne que nutren al gran capital.

Una loba roja una vez dijo y cito textual:
“Ya que, según parece, todo corazón que lucha por la libertad solo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte.”
Así que en solidaridad con mi clase, con las mías y míos, y los no tan míos, me hago eco de su voz y exijo.

Exijo el plomo, la porra en mi cabeza y la sangre corriendo por mi rostro.

Exijo mi contenedor de basura donde buscar sustento.

Exijo mi hambre, mi gas sarín, mi paliza por besar a otro hombre.

Exijo mi desahucio, la soga a un paso, a dos la combustión premeditada en una plaza o un banco.

Exijo mi periodo incomunicado, mi tortura, mis amenazas, que no son poco.

Exijo mi violación en El Salvador, la negación del aborto y desembarazo clandestino.
Sin turismo por Londres.

Exijo mi cuerpo en piezas a la venta en charcuterías, mi prisión en un circo, los equilibrios sobre un balón y los maltratos cuando no hay espectador.

Exijo mi espacio invadido, por haber nacido sin pito, mi voz rebajada, mi labor que no computa, mi existencia condicionada, las críticas por ir vestida como “puta”.

Exijo mi no tarjeta sanitaria, mis no derechos, ahogados en el estrecho, como muchas compañeras y compañeros.

Exijo mi minijob con su minisueldo y con su no mini explotación.

Exijo mi exilio por no encontrar empleo en el cual desarrollar mi vocación.

Exijo mi lobotomización en la escuela, ah no que ya la he tenido, donde a amigas y no tanto les arrebataron su lado crítico y emponzoñaron su razón.

Exijo mi parte de plomo, pero por favor loba roja te ruego me prestes un poco de tu aplomo.

Pues aquellos que siembran viento deben recoger tempestades y quienes a hierro matan por la misma vía merecen morir.

Pero no soporto la idea de dejar que el tiempo obre, bien sabes tú que es lento y en su demora esas bestias oprimen matan y con todo descaro hacen ostento.

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